Un susto para Jujú

La escritora barcelonesa Ana María Matute es autora de algunos títulos imprescindibles de la novela española contemporánea, como Fiesta al Noroeste, Olvidado rey Gudú o Primera memoria. Entre sus novelas juveniles, destaca El polizón del «Ulises», de la que os ofrecemos un fragmento:

Apenas había dado unos pasos, cuando creyó oír un ruido extraño. Contramaestre empezó a gruñir extrañamente, bajando la cabeza.

–¿Qué tiene usted, Contramaestre? –preguntó Jujú–. Vamos, ¿qué le ocurre?

Pero Contramaestre temblaba ahora de pies a cabeza, y no dejaba de gruñir. Miraba al viejo Ford con ojos angustiados.

–¿Qué tonterías son ésas? -le reprendió Jujú, con la voz que solía poner la tía Manu cuando él demostraba miedo o cobardía ante algo–. ¡Ni que fuera la primera vez que lo ves! ¿Qué tiene de particular nuestro pobre Ford?

Se acercó al coche, e iba a abrir su portezuela cuando se quedó con la mano en alto, la boca seca y los ojos muy abiertos.

En el interior del Ford se había movido un bulto. Jujú tragó saliva despacio, pero sus piernas se negaron a moverse.

La portezuela se abrió entonces, bruscamente, y alguien saltó fuera. Jujú ni siquiera pudo retroceder.

Era un hombre alto. No se le veía el rostro, quedaba más arriba del farol. Contramaestre empezó a ladrar espantosamente.

–Haz callar a ese bicho, o lo mato –dijo el hombre, con voz baja y ronca.

Al mismo tiempo, Jujú sintió un brazo de hierro en torno a su garganta, y algo, quizá un cuchillo, brilló. Jujú mantuvo el farol con todas sus fuerzas y vio cómo Contramaestre se lanzaba a morder al hombre. Pero recibió tan terrible puntapié, que fue a chocar contra la pared, dio un gran alarido y cayó desvanecido. Se había dado un espantoso golpe en la cabeza. Entonces Jujú recobró el habla:

–¡Qué ha hecho usted, salvaje! ¡Ha matado usted a mi perro!

Abandonó el farol e intentó correr hacia el pobre Contramaestre. Pero el hombre le puso algo frío en la garganta:

–Te rebano el pescuezo si das un solo paso.

Y añadió:

–No está muerto. Es sólo un golpe.

En efecto, Contramaestre se recuperaba. Se tambaleó sobre sus patitas (como en cierta ocasión en que Jujú le dio pan con vino y cogió una terrible borrachera). Pero ahora este recuerdo no le hacía reír. Contramaestre había perdido toda su arrogancia y temblaba, con ojos llenos de lágrimas y la lengua colgando. Jujú sintió una rabia sorda.

–Es usted un cobarde –dijo–. Un malvado y un cobarde.

El hombre le sacudió, hasta hacerle dar diente con diente. Levantó entonces la cabeza y le vio. Era muy alto, con un traje burdo y sucio, de pana marrón, y… ¡exactamente, era uno de los hombres del barracón de los presos! Inmediatamente comprendió: aquel hombre era el evadido del Campo.

El polizón del «Ulises», de Ana María Matute.

SIGNATURA: J MAT pol

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s