Los libros que nunca fueron

Biblioteca de Babel, de Bodó

Hoy es el Día del Libro. Se hablará de libros en la calle, en los medios, en las aulas. Se regalarán, sobre todo en Cataluña, sobre todo novelas de Marsé, que hoy recibe un merecido Premio Cervantes.

Hoy es el Día del Libro, el escrito, el publicado, el que está en la biblioteca o en la librería, el que hojeamos y leemos con gusto o con aburrimiento.

¿Se acordará hoy alguien de esos otros libros que nunca fueron, que jamás existieron salvo en la imaginación de los lectores? Lovecraft fue el inventor del más famoso de ellos, el Necronomicón, un libro que contenía fórmulas para invocar a los demonios y cuya lectura podía traer consecuencias nefastas.

Borges inventó un Quijote, escrito en 1918 por un francés, Pierre Menard, que coincidiría palabra por palabra con la novela de Cervantes.

Mucho antes, el escritor satírico François Rabelais se inventó la existencia de las que podían haber sido las obras maestras de la literatura escatológica: el De modo cacandi y el Ars honesti petandi in societate (creo que no necesitan traducción al español).

Y John Donne, en 1650, publicó un catálogo de libros malditos entre los que figuraría la Propuesta para la eliminación de la partícula ‘no’ de los Diez Mandamientos, de Martín Lutero.

Celebra el Día del Libro Que No Fue con nosotros. Invéntate el título de un libro que no exista pero que sería genial que se hubiera escrito y que estuviera entre los estantes de nuestra biblioteca.

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