La cultura premia a la contracultura

El poeta chileno Nicanor Parra acaba de recibir el Premio Cervantes 2011. Quizás ninguno de sus poemas resuma con tanta exactitud el significado histórico de su poesía dentro de la tradición lírica hispanoamericana contemporánea como “La montaña rusa”:

Durante medio siglo
La poesía fue
El paraíso del tonto solemne.
Hasta que vine yo
Y me instalé con mi montaña rusa.

Suban, si les parece.
Claro que yo no respondo si bajan
Echando sangre por boca y narices.

Parra transformó radicalmente la poesía de su tiempo: desterró de ella el sentimentalismo, la solemnidad, la trascendencia, la retórica; e introdujo el humor negro, el lenguaje coloquial, la parodia de los grandes discursos políticos, estéticos y religiosos, el nihilismo. Su propuesta radical -él la denomina antipoesía- requería de nuevos lectores: Nicanor avisa a los que pretendan encontrar versos edificantes y hermosos en su poesía que pueden salir mal parados; su poesía no eleva el espíritu de los lectores, sino que mete rabiosamente el dedo en la llaga de sus contradicciones.

La cultura oficial acaba de canonizar a uno de los más destacados representantes de la contracultura. Restemos solemnidad al hecho: leamos con espíritu iconoclasta los versos de Nicanor Parra.

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