Libros con sentido

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Nuestros estudiantes de Educación Infantil de los módulos de Autonomía Personal y Salud Infantil de 1º C y de Juego Infantil y su Metodología de 2º C han realizado un interesantísimo trabajo bajo la supervisión de su profesora Mª Carmen Gastalver. Se trata de unos libros sensoriales, elaborados por ellos mismos, destinados a aquellos alumnos y alumnas de Educación Infantil que presentan alguna limitación sensorial. Libros con mucho sentido, hechos con mucho amor, que les han quedado preciosos y que ahora exponemos en nuestra biblioteca. ¡Enhorabuena!

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La gallina y otros bichos

¿Te gustan los animales? Si es así, seguro que te gusta también el libro Hasta (casi) 100 bichos, de Daniel Nesquens, que reúne, a modo de bestiario, la descripción de casi cien animales, con un humor que debe mucho a su maestro Jardiel Poncela, del que nos destaca una cita: “El hombre es el animal que más se parece al hombre”. Os presentamos como aperitivo un fragmento de la entrada dedicada a la gallina:

La Gallina es un ave doméstica a la que le encantaría poseer un aspirador y pasarlo por el suelo para encontrar fácilmente las larvas, lombrices y gusanos con que alimentarse. La gallina se cría, normalmente, en los pueblos.

El objeto de su cría es aprovechar sus huevos. Huevos hay de muchos tipos: si está lloviendo, pasados por agua; si no se rompen, duros; si son de chocolate, de pascua; si se sostienen en pie, de colón…

En el principio de los tiempos la gallina ponía sus huevos y nadie sabía qué hacer con ellos, hasta que un día acertó a caer un huevo en una sartén donde se estaba friendo una pequeña cantidad de aceite de oliva: el resultado todos lo conocemos. Aunque se tuvo que esperar cerca de cien años para que una patata cortada en tiras se cayera en una sartén donde se estaba friendo un huevo.

Leamos al 27

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Este sábado es el Día de la Lectura en Andalucía. Además se cumplen 90 años del homenaje a Luis de Góngora que hicieron los poetas de la generación del 27 en el Ateneo de Sevilla y que se considera el acto fundacional del grupo. ¡Qué mejor manera, por tanto, de celebrar esta fecha que leyendo a los poetas de esta generación excepcional!

Desde la biblioteca hemos seleccionado una serie de textos que hemos ilustrado con fotografías de pinturas, dibujos y esculturas de los artistas plásticos de esa misma generación, entre los que destacan nombres tan importantes como Pablo Picasso, Juan Gris, Salvador Dalí o Maruja Mallo.

En nuestra selección, junto a los nombres que conforman el canon tradicional del 27 (Salinas, Guillén, Lorca, Alberti, Cernuda, Diego y Aleixandre), aparecen otras voces, durante mucho tiempo postergadas, y hoy por fin rescatadas del olvido: nos referimos a las Sinsombrero, mujeres, como Carmen Conde, Concha Méndez o Ernestina de Champourcín, que contribuyeron también decididamente a la renovación de nuestras letras. En los archivos de RTVE tenemos un magnífico documental que nos acerca a su obra. Os lo enlazamos. No hay que perdérselo.

Sin Sombrero

En las clases de Lengua, se va a dedicar parte del tiempo lectivo de esta semana y de la que viene a leer poemas del 27. También, a difundir el manifiesto por la lectura que este año ha escrito la periodista y novelista andaluza Eva Díaz Pérez con motivo del Día de la Lectura y que contiene frases tan sugestivas como ésta:

No dudemos en seguir este consejo. En la poesía del 27 encontraremos mucho horizonte que admirar.

Chopin para las tardes frías

Piano de Chopin
Piano perteneciente a Chopin

¿La tarde es fría, de otoño, y te invade la melancolía? Es un momento ideal para dejarse envolver por la música de Chopin. No lo decimos nosotros, lo dice el poeta argentino Francisco Luis Bernárdez en su Soneto a Chopin:

¿De dónde vienes por la tarde fría
llorando entre las hojas olvidadas,
para dar luz a cosas apagadas
y eternidad a mi melancolía?

¿Hacia qué tarde fría de qué día
y hacia qué criaturas ignoradas
llevas entre tus penas desveladas
ésta que ya no sé si es tuya o mía?

¿Quién nos distinguirá cuando, mañana,
lleguemos con amor a una ventana
donde alguien llore sin saber por qué,

y, recogiendo su dolor profundo,
sigamos confundidos por el mundo
hacia otro ser que sollozando esté?

El armario

El león, la bruja y el armarioTal día como hoy de 1963, muere en Oxford C. S. Lewis, el autor de Las Crónicas de Narnia, una de las más apasionantes sagas de la literatura fantástica juvenil. Os ofrecemos un fragmento de la primera novela de la serie: El león, la bruja y el armario. La acción se desarrolla durante la Segunda Guerra Mundial. Para protegerlos de los bombardeos, cuatro hermanos son llevados a la casa rural del profesor Digory Kirke. Mientras exploran la casa, Lucy, la más pequeña de los hermanos, hace un insólito descubrimiento…

La niña se quedó atrás porque pensó que valía la pena intentar abrir la puerta del armario, aunque estaba casi segura de que estaría cerrada con llave. Ante su sorpresa se abrió con facilidad y cayeron al suelo dos bolas de naftalina.

Al mirar dentro, vio varios abrigos colgados, que en su mayoría eran largos y de piel. No había nada que a Lucy le gustara más que el olor y el tacto de la piel, así que se metió inmediatamente en el armario, se cobijó entre los abrigos y restregó el rostro contra ellos, dejando la puerta abierta, desde luego, porque sabía que era una soberana tontería encerrarse en un armario. No tardó en introducirse más en él y descubrió que había una segunda hilera de abrigos colgados detrás de la primera. Estaba muy oscuro allí dentro así que estiró los brazos hacia delante para no chocar de cara contra el fondo del armario. Dio un paso más —luego dos o tres— esperando siempre palpar el fondo de madera con la punta de los dedos; pero no lo encontró.

Lucy y el armario

«¡Madre mía! ¡Este armario es enorme!», pensó Lucy, avanzando más aún, a la vez que apartaba a un lado los suaves pliegues de los abrigos para poder pasar. Entonces notó que había algo que crujía bajo sus pies. «¿Serán más bolas de naftalina? », se preguntó, inclinándose para palparlo con la mano. Pero en lugar de tocar la dura y lisa madera del suelo del armario, tocó algo blando, arenoso y sumamente frío.

—Esto es muy raro —dijo, y dio un paso o dos más al frente.

Al cabo de un instante se percató de que lo que le rozaba el rostro y las manos ya no era suave piel sino algo duro y áspero e incluso espinoso.

—¡Vaya, pero si son ramas de árboles! —exclamó.

Y entonces vio que había una luz más adelante; no unos cuantos centímetros más allá donde debería haber estado la parte posterior del armario, sino bastante más lejos. Algo frío y blando le caía encima, y no tardó en descubrir que estaba de pie en medio de un bosque en plena noche con nieve bajo los pies y copos cayendo desde lo alto.

Lucy se asustó un poco, pero también la embargó la curiosidad y la emoción. Miró por encima del hombro y allí, entre los oscuros troncos de los árboles pudo ver aún la puerta abierta del armario e incluso vislumbrar la habitación vacía de la que había partido; pues, como era de esperar, había dejado la puerta abierta, ya que sabía que era una soberana tontería encerrarse en un armario. Allí aún parecía ser de día. «Siempre puedo regresar si algo sale mal», pensó, y empezó a avanzar, con la nieve crujiendo bajo sus pies mientras cruzaba el bosque en dirección a la otra luz. La alcanzó al cabo de unos diez minutos y descubrió que se trataba de un farol. Mientras estaba allí de pie, contemplándola, preguntándose por qué había un farol en medio de un bosque y también qué haría a continuación, oyó un golpeteo de pasos que se dirigían hacia ella. Y, casi inmediatamente después, una persona muy extraña surgió de los árboles y penetró en el haz de luz que proyectaba el farol.

Era apenas un poco más alto que Lucy y sostenía un paraguas sobre la cabeza, blanco por la nieve. De la cintura para arriba era igual que un hombre, pero sus piernas eran como las de una cabra —con un pelaje de un negro lustroso— y en lugar de pies tenía pezuñas de cabra. También tenía cola, pero Lucy no la vio al principio ya que reposaba tranquilamente sobre el brazo que sostenía el paraguas para impedir que se arrastrara por la nieve.

Crónicas de Narnia

Llevaba una bufanda roja de lana alrededor del cuello y su piel también era bastante rojiza. Tenía la cara menuda, extraña pero agradable, con una barba corta y puntiaguda y una melena rizada de la que sobresalían dos cuernos, uno a cada lado de la frente. Como ya he dicho, con una mano sostenía el paraguas; en el otro brazo llevaba varios paquetes envueltos en papel marrón. Entre los paquetes y la nieve parecía que acabara de realizar sus compras de Navidad. El recién llegado era un fauno, y cuando vio a Lucy se sobresaltó de tal modo que dejó caer todos los paquetes.

—¡Válgame Dios! —exclamó el fauno.

El filón del teatro cómico breve

Pasos, entremeses, sainetes, farsas… nuestro teatro cómico breve nos brinda muchas oportunidades para pasar ratos divertidos. Si no, que se lo cuenten a nuestros chicos y chicas del Taller de Lectura de 2º y 3º de ESO o del Ámbito Lingüístico y Social del PMAR. Durante estos meses han leído diferentes textos representativos de esta tradición teatral, desde clásicos de Lope de Rueda o Calderón, a textos más modernos, de Alejandro Casona, Fernando Arrabal, Alberto Miralles o Alfonso Zurro. Así, durante una hora mágica, semana tras semana, han encarnado a los personajes más variopintos: un criado haciéndose pasar por su amo, un médico, con el fin de obtener un bollo con manteca; un soldado que finge tener poderes demoníacos para darse un buen banquete a costa del matrimonio que lo ha alojado en su casa; un juez capaz de hacer las mayores injusticias por salvar a su cocinero preferido de sus acreedores; unos padres que visitan a su hijo, soldado en el frente, para disfrutar de un pic-nic en medio del campo de batalla; la madre de un yonqui, que no soporta ver a su hijo con el mono y va ella misma a conseguirle la droga, siendo detenida en una redada antidroga; una niña con la carita más dulce, pero también con el cuerpo de la más repugnante araña, vendida por su padre a un desalmado empresario circense…

Y la magia no se agota. El departamento de Lengua trabaja en la selección de nuevos textos para las próximas semanas. Nos queda teatro para rato.